Cuando llueve mi ciudad se vuelve un infierno, las colas son interminables, el río crece, las viviendas van cayendo (en las zonas que no deben construir), la gente se desespera de una manera increíble, en fin; cosas negativas (obviando las positivas) suceden cuando la lluvia cae. Y cuando uno está solo falto de inspiración, no es tan difícil recuperarla. Es muy anticipado cantar “November Rain” más bien sería algo como “September Rain” (¡ja!, mala mía), particularmente esa canción siempre me ha provocado sentimientos encontrados y más si se escucha con la lluvia de fondo. Pienso que cada gota que cae es un recuerdo que golpea el suelo de una manera ahogada, sin preguntar si estás preparado para que esos recuerdos te inunden y salgas flotando de la habitación agarrando una hoja y una pluma para comenzar a redactar eso que oyes caer y que te arrastra a un lugar profundo de tu ser. Oyes fragmentos del ayer, fragmentos que te hacen pensar muchas cosas; las preguntas más frecuentes en tu cabeza son “¿por qué?, ¿qué he hecho?, ¿será bueno para mí?” las cuales no son difíciles de contestar, las mismas gotas de lluvia; de esa lluvia que hace cuestionarte a ti misma… tiene las respuestas.
El ambiente se vuelve fresco, acogedor y nublado. He leído y oído que mucha gente prefiere estar “empiernada” en ese momento, pero yo por ahora prefiero estar sentada, tomando un poco de té y escribiendo lo que ella me pide que escriba. La lluvia controla los versos, las emociones, los sentimientos y los vuelve palabras; muchas veces me siento a esperar ese punto para yo misma sorprenderme de lo que escribo… lo guardo y lo leo en unos meses; luego que ha pasado ese tiempo reacciono de muchas formas. Las risas me acompañan si se trata de algún amor infantil (porque casi todos han sido inmaduros), las lágrimas me acompañan si se trata de un momento triste que nunca olvidaré y finalmente la felicidad me acompaña si he escrito cosas que son terapia positiva para mi corazón y alimentan completamente mi alma.
No debemos olvidar a la lluvia, ella habla por nosotros y no nos ignora; más bien nos enseña a escucharla cada día un poco más.
No debemos olvidar a la lluvia, ella habla por nosotros y no nos ignora; más bien nos enseña a escucharla cada día un poco más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario